Slider[Style1]

Style2

Style3[OneLeft]

Style3[OneRight]

Style4

Style5[ImagesOnly]

Style6

Sin duda el deporte se ha convertido en un auténtico fenómeno social, especialmente a partir del último tercio del siglo XIX. Esta evolución ha hecho del deporte un sistema social abierto, que interacciona activamente con el resto de sistemas sociales. Estos cambios han configurado un nuevo escenario deportivo, muy diferente del establecido por el deporte en sus orígenes.

El tema central de este artículo, es un repaso histórico de los gimnasios existentes a lo largo de la historia, en los que se ponía en práctica la actividad físico-deportiva, al mismo tiempo que se realiza un análisis de la evolución que estos centros han experimentado con el paso de los años.

Nos encontramos en una época en la que es muy importante nuestra imagen. El siglo XX es el siglo de la imagen y un componente de la imagen corporal es el cuerpo. Muchos anuncios que antes reclamaban personal, ahora solicitan personas con buena presencia. Si miramos el televisor, los que antes eran un sinfín de anuncios tipo “Dixan deja su ropa más blanca”, ahora se han convertido en productos desnatados, descremados, light, etc., que van en busca de realzar la silueta, de eliminar grasas superfluas, de modelar un cuerpo bonito que nos reafirme nuestra autoestima. Todo ello objetivos propios de las personas que acuden a un gimnasio.

Nuestra sociedad busca en el deporte y en el ejercicio un medio para la mejora de la salud y el bienestar. Los gimnasios son sin lugar a dudas esos lugares en los que se desarrolla esta actividad, de ahí la importancia capital que con el paso de los años han ido adquiriendo.

Dado que este hábito de acudir al gimnasio en los últimos años ha experimentado un salto gigantesco, tanto cualitativa como cuantitativamente, irrumpiendo con especial fuerza en las ocupaciones de la población en general, proliferando por todos los lugares del planeta a donde acuden millones de personas diariamente para confiar su “puesta a punto”, he pensado que este artículo tenía obligatoriamente que dedicarse a estos “templos de salud, fuerza y belleza”.

El Gimnasio en la antigüedad

La actividad física ha acompañado al hombre desde sus orígenes y ha ido evolucionando, desde ser unos ejercicios, no estructurados para la supervivencia, es decir, lucha por la vida, hasta considerar al hombre como una unidad psicobiológica, atendida en sus aspectos físico, psíquico e intelectual, lo que hace de la actividad física una realidad educacional y social.

Como muchas de las actividades físicas actuales, el manejo y levantamiento de objetos pesados se pierde en la noche de los tiempos, existen referentes y leyendas de más de 5.000 años de antigüedad, pero si nos acercamos más a nuestros días comprobaremos como los griegos cultivaban el arte de las proporciones del desarrollo corporal y la belleza plástica al contemplar las famosas estatuas de sus dioses Venus y Apolo, o de su semidios Hércules.

Estas esculturas reflejo de las tendencias de la época, centraban su atención en la figura humana, para la cual se habían hecho cálculos numéricos y geométricos realzando las formas anatómicas además de representarlas siempre desnudas o lo que es lo mismo en su estado natural, para destacar todavía más su belleza. La palabra gimnasio procede del prefijo griego gimnos/gimnazein que significa desnudo o entrenar desnudo y las representaciones eran casi siempre de los Kuroi (atletas ganadores).

Los jóvenes atletas griegos que deseaban participar en las competiciones olímpicas debían pasar un severo examen previo consistente en ejercicios atléticos, entre los que se contaba el levantamiento de una pesada bola de hierro, que tenían que alzar, para lo cual debían acudir al gimnasio y entrenarse para ello.

Como vemos la influencia de la cultura griega en la aparición de los gimnasios actuales ha sido muy importante, al igual que también lo fue el siglo XIX en donde la construcción de gimnasios tiene tres periodos bien diferenciados: primero, el Periodo Amorosiano de principios de siglo; segundo, el Periodo Post-Amorosiano de mediados de siglo; y el tercero, el Periodo Triatiano de finales de siglo con una clara influencia de la escuela francesa.

Los gimnasios en Grecia

Posiblemente si existe una máxima que resume mejor que nada el ideal griego de la importancia del ejercicio físico, esta es: “La gimnasia para el cuerpo, la música para el alma”, clave sin duda del pensamiento antiguo, que jamás renunció a su ideal del hombre perfecto, armónico, de posibilidades físicas y dotes espirituales.

El poeta latino Juvenal, acertó al condensar en un verso este ideal eterno: orandum est ut sit mens sana in corpore sana (hay que rogar a los dioses que haya una mente sana en un cuerpo sano).

Los griegos consideraban al hombre completo aquel que era fruto de una equilibrada educación física e intelectual, completamente distinto del adiestramiento especializado del atleta, cuyo único fin no es formar un hombre, si no un campeón.

El canón ideal, era aquel hombre, en el que concurran la virtud (areté), la sabiduría (sofía) y la fuerza y la belleza (calocaigatía).

El niño tras haber aprendido a leer y a escribir, ingresa en el gimnasio, institución que supone la base de su educación. No era concebible una auténtica vida griega sin escuela ni gimnasio.

Los gimnasios eran complejas instalaciones deportivas en nobles edificios, equipadas con aparatos gimnásticos, cuyas actividades no se reducían a la simple ejercitación; el gimnasio, era además un lugar obligado para la relación social y hasta los filósofos, disertaban allí entre sus discípulos.

Los ciudades de cierta importancia en la antigua Grecia tenían su gimnasio. En Atenas había cinco: la Academia, el Liceo, el Ginosargo (que era femenino), el Polimaión (que era de niños) y el Diogimión (también de niños).

Según Vitrubio, famoso arquitecto romano, los gimnasios son también un monumento arquitectónico.

En sus orígenes el gimnasio era un lugar en el que los griegos practicaban la gimnasia, es decir, el conjunto de ejercicios físicos necesarios para prepararse para las competiciones atléticas del estadio, y se confunde a menudo con la palestra que era el lugar donde los griegos se ejercitaban en la lucha y el pugilato. Su diferencia con el gimnasio no es clara, algunos autores defienden que la palestra era una escuela privada y el gimnasio era una institución pública, pero aún así no queda clara la diferencia.

Los gimnasios eran lugares de belleza y paz, adornados con pórticos, columnatas, fuentes, jardines y estatuas.

Sus dependencias constaban de: el Ephebeum (sala de ejercicios para efebos = niños con 16 años cumplidos, que eran ya verdaderos atletas); el Apoditerium (en donde tenían lugar los diálogos platónicos y ejercicios luctatorios); el Coryceum (sala para juegos de pelota); el Conisterium (sala de arenas finas, importadas de Egipto, que mezcladas con aceite y materia grasa se utilizaban para masaje corporal); el Lutrón (sala de baños fríos); el Frigidarium ( salas de segundos baños fríos); o el Laconicum (salas de baños de vapor al estilo espartano).

Las tareas de dirección y mantenimiento del gimnasio estaban encomendadas al Gimnasiarca, magistrado especial o “jefe del gimnasio” que generalmente era una persona ilustre y considerado, a veces, como “el primer ciudadano”, que solía ser elegido entre los más ricos e influyentes.

Él era quien regulaba el funcionamiento del gimnasio, las actividades, dirigía al personal docente, administrativo y subalterno, proveía del material necesario para el normal funcionamiento, etc.

También organizaba las ceremonias religiosas y los certámenes de todo tipo que se celebraban en estos centros y sufragaba personalmente los cuantiosos gastos. Sin duda, en el presupuesto de la ciudad se consignaba una cantidad para atender el mantenimiento del gimnasio. Su cargo era vitalicio y hereditario (se consideraba un honor ser gimnasiarca), y el ansia de popularidad de ciertos ciudadanos ricos y a la vez generosos les impulsaba a asumir tan gravoso cargo.

Los antiguos gimnasios privados (palestras) ponían de nombre al establecimiento, el nombre del Paidotriba, que era una especie de médico-entrenador, ya que al mismo tiempo que enseñaba a sus discípulos los secretos de la educación física, los ponía al corriente de todas las prácticas higiénicas necesarias para la consecución de los mejores resultados (baños, masajes, alimentación, reposo, etc).

Ya para terminar esta parte sobre la importancia del gimnasio en Grecia, añadir a modo de curiosidad que al parecer era práctica frecuente, que los gimnasios griegos tuviesen gravadas en sus paredes máximas, lápidas mortuorias o inscripciones eróticas.

Los gimnasios del siglo XIX

El Periodo Amorosiano se denomina así en honor al Coronel del Ejército Español Francisco Amorós, nacido en Valencia el año 1769 y fallecido en París en 1834. Durante el año 1807 se encargó de la educación del Infante D. Francisco de Paula, hasta que unos sucesos políticos le hicieron emigrar a Francia.

El Coronel Amorós tuvo que huir a Francia en 1816 acusado por calumnias y no se hubiera guardado ni el recuerdo de su imagen, si el Señor Ordáx no hubiera hecho una copia del medallón de su mausoleo, existente en el cementerio de Mont Parnasse en París y publicándola en “El Gimnasio”, revista profesional que entonces dirigía.

Amorós desarrolló un método gimnástico y publicó algún libro como “Manual de Educación Física”, en el que describe las máquinas y aparatos que empleaba en el desarrollo de su método. Estos aparatos básicamente estaban diseñados en función de objetivos militares, pues el público que de aquella acudía a los gimnasios era casi todo militar. Los más interesantes son: mástil horinzontal, caballo de volteo de madera, escalera para saltos en profundidad, cuerdas, paralelas, báscula braquial, muro de saltos, dinamómetro de presión, bolas de cañón de 4,8 y 12 kg, zancos de diferentes tamaños, etc.

Más tarde vino el periodo que se conocía por Periodo Post-Amorosiano. En esta época los gimnasios ya evolucionaron hacia aparatos (máquinas e instrumentos) más parecidos a los de hoy en día y más alejados de los creados por Amorós de carácter militar. Estos aparatos servían para realizar ejercicios contra resistencia por medio de la aplicación directa de pesos, aunque tenían el inconveniente de su aplicación específica a los diferentes grupos musculares.

Las máquinas gimnásticas basadas en la utilización de sistemas de poleas para la aplicación indirecta del peso fue uno de los grandes avances de los gimnasios de este periodo, llegando a su máxima sofisticación con los inventos de Bourlot y el Profesor Vignolles.
Insistimos, las poleas fueron un elemento clave del Periodo Post-Amorosiano y trascendental en la evolución tecnológica del material gimnástico.

Entre el público que acudía a estas salas gimnásticas, ya empieza a verse una amplia representación de la sociedad civil, pero el momento más álgido del público civil la encontramos en la historia de los gimnasios modernos hacia el año 1880 en el periodo denominado Triatiano. Triat revolucionó el mundo del gimnasio con la aparición de las pesas, que sin duda son los aparatos más representativos de la aplicación directa de peso. Su creatividad, sus amplios y sólidos conocimientos de anatomía y fisiología, le llevaron a diseñar pesas de distintas formas y tamaños para el trabajo de los distintos grupos musculares del cuerpo, que todavía se emplean en la actualidad manteniendo un enorme parecido con las iniciales.

Triat creó las pesas para la mejora de la fuerza, que en un principio estaban formadas por dos mazas de hierro esféricas o cónicas unidas por una barra que servía de empuñadura, con el fin de hacer con un par de ellas ejercicios muy variados. A estas pesas se las conoce hoy en día con el nombre de mancuernas.

Había otro tipo de pesas aparte de las mancuernas, que se denominaban “balas de cañón” que se utilizaban sólo para el fortalecimiento de brazos y piernas contra resistencia.

Junto a las pesas, años más tarde los gimnasios se empiezan a equipar con aparatos mucho más específicos y modernos. Estos gimnasios estaban unidos a tabernas, cervecerías y restaurantes, pues así los atletas podían levantar unas pesas y luego apagar su sed con unas jarras repletas de cerveza. Con la aparición de Triat, los gimnasios se empiezan a montar ya en edificios grandes, lujosos y también muy bien ventilados, lo cual se atraía así a la aristocracia que en un principio era quien disponía de tiempo para acudir al gimnasio.

El método de Triat revolucionó el mundo del gimnasio, logrando con él enormes beneficios para sus miles de alumnos, entre los que hay que destacar al francés Edmond Desbonnet, profesor de cultura física e importante impulsor del fisicoculturismo en Francia a principios de 1900, pues gracias a él y a sus publicaciones como “La Culture Physique”, los gimnasios empezaron a surgir en Francia como hongos, expansión que luego cruzó la frontera de los Pirineos para llegar así a nuestro país de la mano del Profesor Gustavo Buesa, que fue el primer fundador de un gimnasio de culturismo en España, que abrió sus puertas en la ciudad de Barcelona.
A Desbonnet también se le debe el empleo de las duchas en los gimnasios, pues de aquella los baños eran algo inusual en las salas de ejercicio, pero él insistió mucho en ello. Aconsejaba a sus alumnos: “no dejéis que pase un sólo día sin trabajar el cuerpo hasta que sudéis para lavarlo luego”. También introdujo el espejo como herramienta de motivación y autocorrección de los ejercicios.

Estos gimnasios, los cuales al no existir en esas fechas casas de deporte que se dedicaran a la construcción de aparatos, se tenían que equipar con máquinas e instrumentos encargados a herreros y carpinteros bajo la dirección del profesor, eligiéndose para los mismos materiales como maderas de haya o avellano, rodamientos de bronce o piezas de artillería, con el fin de conseguir unos diseños exclusivos según las tendencias de la época, para lograr con ellos la “puesta a punto” de quienes los fuesen a utilizar. Todo esto lo podemos considerar como la semilla de los modernos y actuales gimnasios en los cuales confían su salud y forma física millones de personas en todo el mundo, haciendo de ellos verdaderos templos de salud, fuerza y belleza.

Por Tomás ABEIGÓN
Contacto: abeigon@yahoo.es / Tel. 607 477 360

- Licenciado en Ciencias del Deporte por la Universidad de Vigo
- Master en Musculación Deportiva
- Entrenador Nacional de Halterofilia
- Entrenador Nacional de Fisicoculturismo y Musculación
- Entrenador Nacional de Fuerza Aplicada
- Profesor de Culturismo y Profesor de Musculación, ambos diplomas expedidos por la Federación Española de Judo y Deportes Asociados.
- Diplomado como Profesor de Cultura Física por las Escuelas: Rouet (Francesa) y Weider, Atlas (Americanas).
- Campeón de España de Fisicoculturismo Natural en 1996
- Galardonado con el premio nacional “Intergym´s de Oro” al mejor trabajo de investigación los años 1999, 2000 y 2001
- Posee el “Diploma de Honor al Mérito Fisicoculturista” (la más alta distinción que se puede alcanzar en España sobre éste deporte).
- Director del Gimnasio “Taller Corporal” de Pontevedra desde 1989
- Historiador del “Deporte del Hierro”
- Autor de varios libros e infinidad de artículos sobre el tema de las pesas
- Presidente de NABBA ESPAÑA (Organización más antigua de fisicoculturismo que a nivel
internacional organiza el Mr. Universo)
- Juez Internacional en el Mr. Universo (único en España)
- Poseedor del “Medallón de Triat” que lo acredita como el único heredero en el mundo de la filosofía de la “Escuela Francesa”, que aceptó de la mano de su Profesor con la obligación de cederlo antes de morir al discípulo que el elija.

About R@úl

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
«
Siguiente
Entrada más reciente
»
Anterior
Entrada antigua

No hay comentarios:

Post a Comment