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La ciencia ha comenzado a identificar cientos- y quizás miles- de sustancias químicas naturales presentes en la comida que pueden tener beneficios en materia de prevención de enfermedades. No se trata sólo de vitaminas y minerales sino de toda una gama de compuestos, comenzando por las nuevas superestrellas de la nutrición: los fitoquímicos

Tomate: los tomates contienen licopeno, probablemente el antioxidante más potente entre los carotenoides, compuesto que da color anaranjado a los vegetales. El licopeno es tan bueno para eliminar radicales libres que supera al más conocido de los carotenoides: el beta caroteno. Se libera al cocinar los tomates y se absorbe con mayor facilidad cuando se le agrega un poco de aceite. ¿Le gustan los tomates crudos? También son buenos. Son buena fuente de vitamina C.

Brócoli: en las mujeres, el indole-3-carbinol suaviza el estrógeno asociado con el cáncer de mama, convirtiéndolo en una forma más benigna. El brócoli es una rica fuente de beta caroteno, fibra y vitamina C (una taza contiene más vitamina C que una naranja). La mejor manera de liberar los nutrientes es mediante una cocción breve y masticándolos bien. Pero si no tolera el brócoli, pruebe suerte con los repollitos de Bruselas y el repollo.

Avena: cruda, en la granola, o cocida, en sopa, la avena- consumida diariamente- puede disminuir el colesterol. Contiene beta-glucan, una fibra soluble esponjosa que absorbe los precursores de colesterol en los intestinos y los elimina del organismo. La avena también ayudaría a disminuir la presión arterial e pacientes hipertensos. Otros beneficios: es uno de los pocos granos que contienen antioxidantes difíciles de encontrar, como los compuestos semejantes a la vitamina E llamados tocotrienoles. Otra ventaja es que la fibra dietaria y la proteína de la avena tienen poder de saciedad y nos alejan de la tentación de comer otros alimentos que engorden más.

Salmón: es rico en "omega-3", que impide el aglutinamiento de las plaquetas de la sangre y evita que éstas se adhieran a la pared de las arterias formando placa. También baja los triglicéridos y el colesterol LDL. Los investigadores sospechan que los omega-3 podrían bloquear la producción de sustancias inflamatorias ligadas a enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoidea y el lupus. Y lo más sorprendente es que informes preliminares sugieren que los omega-3 interactúan con las capas grasas que rodean las células cerebrales y de alguna manera ayudan a protegerlas de las enfermedades ligadas a la vejez, como el mal de Alzheimer. Otras fuentes de omega-3: arenque y caballa.

Ajo: hay estudios que demuestran que sus sulfidos pueden reducir el colesterol y alivianar la sangre. También tiene características antibacteriales y antifungicidas. Para liberar los compuestos del ajo, es preciso pisarlo o picarlo. La cocción prolongada o a alta temperatura puede destruir sus sustancias benéficas. Otra precaución: cocido o crudo, el ajo puede irritar el revestimiento de estómagos sensibles.

Té Verde: el té verde está lleno de polifenoles, una clase de fitoquímicos que tienen 100 veces más antioxidantes que la vitamina C. Las experiencias de laboratorio sugieren que un grupo de polifenoles presentes en el té verde llamados catechinos podrían inhibir el crecimiento de nuevos vasos sanguíneos, lo que algunos científicos creen que podría evitar el cáncer privando de alimento a los tumores en sus primeras etapas.

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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