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Cómo juegan los hábitos cotidianos, el ejercicio físico, el estrés, la alimentación y el estilo de vida frente a la longevidad

Durante el siglo XX, la expectativa de vida se elevó de manera exponencial. A comienzos de 1900, un hombre vivía un promedio de 47 años, mientras que hoy ese promedio se encuentra en los 76 años. Y es que los años que un ser humano puede vivir no están inscriptos en sus genes. Existe suficiente evidencia que señala que sólo el 25 por ciento de la longevidad de una persona está determinada genéticamente. Esto quiere decir que los seres humanos disponen de un 75 por ciento de libertad de acción para ganar años a través de la ejercitación, la alimentación y, fundamentalmente, a través de su propia actitud vital. Por este motivo, aunque el envejecimiento es un proceso inevitable para la mayoría de los seres vivos, las personas tienen la posibilidad de extender su vida y conservar la salud, puesto que son sus hábitos cotidianos y el estilo de vida los factores determinantes en lo referente a la longevidad.

... ¿Por qué envejecemos?

Todas las especies envejecen y experimentan notables cambios a lo largo de la vida. A partir de esta evidencia, la ciencia propone diversas teorías sobre las causas del envejecimiento, aunque ninguna ha sido aún comprobada. A fin de cuentas, de cada teoría se pueden extraer algunas de las causas por las cuales los seres humanos atraviesan dicho proceso. Sin embargo, en medio de la variedad y vastedad de teorías que buscan explicar este fenómeno parece haber dos vertientes bien definidas.

Según la teoría de la senectud programada, los genes predeterminan la velocidad del envejecimiento de una especie porque contienen la información sobre cuánto vivirán las células. A medida que éstas mueren, los órganos comienzan a funcionar con dificultad, hasta que finalmente dejan de cumplir sus funciones específicas. Esto explicaría la aparición de enfermedades y trastornos de la salud a partir de cierta edad.

Por otra parte, la teoría de los radicales libres expone que la causa del envejecimiento de las células es el resultado de las alteraciones acumuladas debido a las continuas reacciones químicas que se producen en su interior. Durante el proceso en que el oxígeno es transformado en energía por las células se producen los radicales libres, que son sustancias tóxicas que dañan las células y causan su envejecimiento.

Estas dos vertientes coinciden en un punto: el proceso de envejecimiento se produce cuando las células dejan de reproducirse con la facilidad con que lo hacían. Esto se debe a que cada vez que una célula se divide se acorta una sección de su ADN (código genético), hasta que se hace tan pequeña que ya no puede reproducirse.

¿Cuántos años podemos vivir?

Si bien no existe consenso entre los científicos acerca de cuántos años puede vivir un ser humano, algunos especialistas señalan que es posible llegar a los 130 años, e incluso un poco más. Sin embargo, la mayoría opina que no es posible superar por mucho los 120 años, una edad que han alcanzado muy pocas personas en la historia de la humanidad.

En la actualidad, en el mundo occidental, el promedio de vida de los hombres es de 75 años y el de las mujeres es de 80. Sin embargo, existen pueblos muy longevos, como el japonés.

Los japoneses sostienen que su salud y longevidad se deben a una dieta rica en grasas saludables provenientes del pescado (Omega 3), que protegen al corazón de diversas cardiopatías, al té verde, un poderosos antioxidante, y a la abundante ingesta de hortalizas frescas.

Otros pueblos, como los hunzas del Himalaya -cuya dieta es abundante en verduras, hortalizas, legumbres cocidas de manera sencilla y fruta- ostentan el mismo récord de longevidad.

Otro tanto se observa en la población de Campodimele -un pequeño pueblo de montaña en Italia-, que tiene una alimentación muy parecida a la de los hunzas. Otros factores que influyen en la longevidad de estas poblaciones son el aire puro que respiran, el agua de montaña que beben, la tranquilidad de la vida cotidiana y el ejercicio diario que hacen, por vivir en pueblos en los que las pendientes y las escaleras proveen un excelente ejercicio cotidiano.

Una beneficiosa actitud de vida

Está en el sueño de todo ingeniero genético ser capaz de introducir cambios que permitan a la célula reproducirse indefinidamente, lo que significaría literalmente que se convierta en inmortal. Sin embargo, por el momento no existen posibilidades de detener el reloj biológico. A pesar de ello, lo que sí está al alcance de las personas es retrasar o dilatar dicho reloj. ¿Cómo hacerlo? Mediante la puesta en práctica de una estrategia integral de vida que combine medidas tanto físicas y nutricionales como de actitud mental.

Evitar el estrés

La Universidad de Harvard llevó adelante un estudio entre 460.000 personas, que demostró que las personas que habían alcanzado mayor edad eran las que menos se preocupaban innecesariamente.

Según este estudio, esta actitud vital es decisiva para mantener una buena salud a largo plazo, mucho más decisiva que llevar una buena dieta, ejercitar el cuerpo cotidianamente o, aun, que la herencia genética. El argumento es que el estrés crónico está ligado al envejecimiento porque reduce la eficacia del sistema inmunológico. No es casual, entonces, que las personas estresadas sean más propensas a padecer enfermedades, sobre todo cardiovasculares, digestivas y nerviosas.

El mismo estudio proporcionó otro dato importante: las personas que alcanzan mayor edad suelen hacerlo con buena salud. Todo parecería indicar que una persona de 80 o 90 años con una buena estrategia vital tiene menos problemas de salud que las demás a los 60.

Tal vez el primer paso para evitar el estrés sea conocer su origen, que no es otro que la manera en cómo percibimos el mundo más que en el mundo en sí. Lo que estresa a las personas no es la realidad, sino la relación que mantienen con esa realidad.

Para contrarrestar los efectos del estrés, es conveniente aprender técnicas de relajación y de respiración adecuadas al temperamento de cada persona. Sin embargo, los especialistas en la materia aseguran que el mayor éxito está en modificar el punto de vista.

Una actitud positiva y flexible

Las personas optimistas realistas pueden contar con una apariencia normal y una inteligencia media, pero saben mantenerse motivadas y abordar las dificultades con una visión que les permite creer que pueden realizar lo que se proponen. Son expertos en construir una fuerte y positiva armonía en sus familias y grupos de acción y son capaces de emerger de las tragedias más profundas. Esta actitud mental les permite no sólo superarse en una diversidad importante de campos, sino que investigaciones recientes han demostrado que gozan de una mejor salud y viven más tiempo.

Por otra parte, la flexibilidad es otra de las características de una personalidad vital. Puesto que la vida requiere continuos procesos de adaptación, los que mejor puedan llevarlos a cabo más posibilidades tendrán de comprender las situaciones que deben atravesar y mayores las posibilidades de encontrar soluciones creativas o incluso de sacar provecho de lo vivido.

Una mente activa

La curiosidad y la actividad mental no sólo disipan el estrés, sino que mantienen al cerebro en forma. Contribuyen de manera determinante a evitar que se atrofie la memoria y las demás habilidades intelectuales. Para esto es recomendable no sólo la lectura y el estudio de temas diversos, sino la realización de tareas manuales que estimulan distintas zonas del cerebro, según las habilidades requeridas.

Por otra parte, no es cierto que con los años se pierde capacidad intelectual debido a que las neuronas se van muriendo. Lo que resulta relevante no es tanto la cantidad de neuronas, sino la calidad de las conexiones que mantienen entre sí, puesto que son ellas las que permiten pensar con mayor claridad y actuar con mayor eficacia. El número y la calidad de las conexiones que cada individuo tiene depende en gran medida de la actividad mental que ha tenido a lo largo de su vida.

Otra de las características de las personas que se mantienen en buen estado de salud durante mucho tiempo es que son capaces de plantearse objetivos y pensar en términos de futuro y no sólo del pasado. Esto es especialmente importante en el caso de las personas mayores.

Un círculo de afectos

La mayoría de las personas comparte intuitivamente la idea de que los afectos son sanadores y proporcionan bienestar y salud. Y, efectivamente, las relaciones emocionales plenas y positivas con miembros del entorno familiar, con la propia pareja y amigos son una de las fuentes naturales de salud.

Existe un sinnúmero de estudios científicos que corroboran estas intuiciones y señalan que las personas que mantienen profundas relaciones de apoyo experimentan un riesgo de muerte prematura un 75 por ciento inferior al de las personas solitarias. También, las mujeres que desarrollan amistades duraderas son menos propensas a contraer cáncer y, de hacerlo, tienen mayor posibilidades de sobrevida.

Cultivar las amistades y las relaciones

En la Universidad de Harvard, un grupo de gerontólogos llegó a la conclusión de que el desarrollo de actividades sociales es tan importante para el bienestar de las personas como una alimentación equilibrada y un adecuado ejercicio físico.

Este estudio demuestra que hablar y escuchar a los demás, así como participar en actividades grupales o que tengan un fin social, propicia la ocasión de aplicar la inteligencia constructivamente y favorece el intercambio entre gente activa de todas las edades. Este intercambio proporciona no sólo beneficios psíquicos, sino que se ha comprobado que los contactos sociales reducen los efectos negativos del estrés y refuerzan el sistema inmunológico. También, la actividad grupal facilita el tejido de relaciones amplias en donde la ayuda mutua es posible.

Ejercicio físico

Se han señalado los efectos benéficos que tiene el ejercicio físico sobre el cuerpo humano. Sin duda, ayuda a prevenir la mayoría de las enfermedades que enfrentan las personas y sobre todo las mayores -alta presión, problemas del corazón, obesidad, osteoporosis- pero sobre lo que no se ha hecho suficiente hincapié es sobre la acción positiva que opera a nivel psicológico. El ejercicio fomenta la secreción de endorfinas, unas sustancias que potencian las defensas y provocan una sensación de placer inmediato. Esto fortalece el sistema inmunológico y contribuye a mantener a raya un sinnúmero de enfermedades.

Un entorno saludable

Cada vez más personas viven en ciudades cada vez más grandes y por consiguiente, están expuestas a una mayor polución auditiva, visual y del aire. La contaminación ambiental ejerce una influencia negativa sobre el sistema nervioso y puede causar afecciones como el insomnio, la depresión y el estrés. Para contrarrestar esta influencia nociva es recomendable encontrar alguna actividad que sea fuente de disfrute, como la música, la buena lectura o alguna actividad afín al temperamento de cada persona.

También resulta importante crear un entorno saludable. Para ello, conviene cuidar la iluminación de la casa, ventilarla correctamente y decorarla con elementos naturales como madera y cerámica, así como también recurrir a la naturaleza, al menos durante períodos cortos, para pasear los ojos por el horizonte y disfrutar del silencio y de la naturaleza.

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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