Slider[Style1]

Style2

Style3[OneLeft]

Style3[OneRight]

Style4

Style5[ImagesOnly]

Style6

Hace dos años y medio, un espeluznante suceso estremecía a los Estados Unidos. Chris Benoit, luchador de la World Wrestling Entertainment (WWE), asesinaba a su esposa y a su hijo de siete años y luego se suicidaba en su propia casa. Poco después, Hulk Hogan, el wrestler más famoso de todos los tiempos, reconocía que se había dopado durante la mayor parte de su larga carrera y que estaba vivo “de milagro”. Entre ambos existía un nexo en común: los esteroides anabolizantes.

El wrestling, la lucha libre, el pressing catch... para unos es un circo y para otros un deporte, pero lo que es seguro es que arrastra a millones de fans por todo el mundo y que Raw, el programa de lucha estrella en Norteamérica es el show semanal más veterano de la parrilla televisiva del país. Todo ello se sostiene sobre los hombros de unos luchadores que se suben a un ring en torno a 200 veces al año y que recorren miles de kilómetros en giras alrededor del mundo.

Sí, es cierto que el ganador está pactado de antemano. También es cierto que los golpes directos no son reales. Entonces, ¿cómo se explica que en los últimos 10 años hayan muerto más de media centena de luchadores con menos de 50 años? Nombres como los de André el gigante, El British Bulldog o Mister Perfect traerán gratos recuerdos de infancia a aquellos que descubrieron la lucha en la época del boom del wrestling en este país, pero es posible que esos niños que soñaron con emular a sus ídolos no sepan que todos ellos murieron en dramáticas circunstancias a una edad inferior a los 50.

Andrew Test Martin, antiguo luchador de la WWE, fue encontrado muerto en su casa de Florida en marzo del año pasado a la edad de 39 años. ¿La causa? Sobredosis de oxicodona, un analgésico. La policía encontró decenas de frascos de esteroides durante el registro de su domicilio. Tan solo un par de años antes, el musculado wrestler defendía su uso declarando que en la lucha libre su razón era más bien “cosmética, como un lifting o un tratamiento de botox”.

Pero no solo el consumo masivo de esteroides y de analgésicos está diezmando a toda una generación de luchadores. Un efecto secundario de su consumo es la propensión a padecer afecciones cardiacas, como la que llevó a la tumba al mexicano Eddie Guerrero, o a desarrollar adicciones a sustancias estupefacientes, como la cocaína que mató a Curt Henning.

Y la situación no tiene visos de revertirse. Sin embargo, no cabe la criminalización de un deporte cuando, por ejemplo, el fútbol italiano asiste consternado a la muerte de varios de sus futbolistas de los años 70 víctimas de la esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad relacionada con el dopaje.


Fuente: xornal.com

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
«
Siguiente
Entrada más reciente
»
Anterior
Entrada antigua

No hay comentarios:

Post a Comment