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Cada mañana, al despertar a las cinco y media, lo primero que Daisy Kuischmann Medina, hija de Luisa, una humilde enfermera, y un guajiro de origen alemán, fallecido un mes antes de que ella naciera, contempla, es su “mapa de sueños”, una rudimentaria cartelera que tiene frente a su cama, en la cual están pegadas las fotos de reconocidas fisicoculturistas fitness que se han destacado en los últimos años. Esas imágenes representan una especie de peldaños de la escalera hacia la excelencia que ella se propuso ir subiendo poco a poco, con empeño, dedicación y sacrificio, tanto físico como económico.

Ya son varios los que ha logrado superar. A los escasos seis meses de estar practicando esta modalidad deportiva, logró derrotar a la campeona regional de body fitness en una competencia realizada a mediados de 2009 en las playas de La Boquilla, en Cartagena. Esa era la que ocupaba la primera escala. Al superarla, de inmediato la tachó con una equis. A ese primer torneo viajó poco confiada, más bien empujada por la fe que puso en ella su primer entrenador, Eliécer Mendoza. “Ni siquiera dominaba las poses o rutinas en el escenario, y tuve que aprovechar que antes de mí compitieron varias rivales, y les copié la manera de presentarse ante el jurado”, dice Daisy con desparpajo.

El siguiente paso era obtener el primer puesto en el VIII Campeonato Nacional de Fisicoculturismo ‘Míster Atlas 2009’, logro que también consiguió. Ese mismo año se atrevió a participar en el campeonato nacional de la disciplina en Bogotá, enfrentando a las mejores deportistas del país, y ocupó el segundo lugar. “No fue nada fácil –cuenta Daisy. Todas mis competidoras eran veteranas, con muchos torneos encima. Pero nuevamente saqué lo mejor de mí y ese subcampeonato me supo a gloria”.

Pero, ¿qué llevó a esta joven ama de casa, que siempre se desempeñó como secretaria y auxiliar contable en un almacén de electrodomésticos, a incursionar en una práctica deportiva que requiere tanto esfuerzo e inversión?

“Desde mi adolescencia me propuse mantener mi cuerpo en forma, bien tonificado, más por salud que por vanidad. Eso me sirvió para incursionar en el campo del modelaje, pero no continué porque no era muy productivo. De todas maneras seguí asistiendo al gimnasio. Llegaba a las seis de la mañana y me ejercitaba hasta las siete y media. Allí mismo me cambiaba la sudadera por el uniforme de secretaria, y me iba a trabajar.

En mi empleo conocí a Neftalí Pérez, el hombre con quien comparto mi vida y tuvimos una hija, Pamela. Durante el embarazo nunca dejé de asistir al gimnasio, lo hice hasta el día anterior al parto. Eso me ayudó a evitar la cesárea. Mi marido ha sido el mayor apoyo que he tenido, no solo por la constante motivación moral y emocional sino por el respaldo económico.

De no haber sido por él, tal vez no estaría donde estoy. Al mes de nacida mi hija, ya estaba de vuelta en el gimnasio. En una de esas sesiones se me acercó el entrenador Eliécer Mendoza y me dijo que me admiraba por mi disciplina, que siempre me había observado y que le inquietaba saber hasta dónde quería llegar. Mañana te lo digo, le respondí. Al día siguiente le mostré un recorte de revista con la foto de una campeona fitness gringa y le dije: así es como me quiero ver. Y él me respondió: no es fácil, pero si te lo propones, lo vas a lograr”.

Ahora Daisy no madruga para irse al gimnasio sino a alistar a su hija Pamela, de seis años, y llevarla al Colegio Americano. Al regreso se va a la cocina a prepararse un desayuno casi principesco, necesario para resistir el exigente régimen de ejercicios que le espera desde las once de la mañana: una arepa asada, sin queso, 180 gramos de pechuga de pollo a la plancha, cinco claras de huevo y una yema, jugo de fruta sin leche y sin azúcar, y una taza de café negro, también sin azúcar.

A las diez de la mañana se toma un batido de proteínas elaborado a base de suero lácteo. Inmediatamente se va al gimnasio a seguir esculpiendo con meticulosidad cada músculo, de la mano de su actual entrenador personal, Enzo Fiorillo, quien asumió esa función luego de que su segundo entrenador, Emilio Barreto, quien le ayudó mucho en la fundamentación, se fue a trabajar a Medellín.

Fiorillo es todo un personaje barranquillero. Fue tecladista del grupo Vallenato Kids, es administrador de empresas y empresario gastronómico, y ha logrado gran éxito con Fiorella’s Pizza y Pecorino’s Pizza. Durante veinticinco de sus treinta y nueve años se ha dedicado al fisicoculturismo, y llegó a ser Míster Atlas 2007 en la categoría de 74 kilogramos, y se coronó Campeón Nacional en la Gran Noche de Campeones del mismo año.

Actualmente no compite sino que se ha dedicado a moldear campeones. Para ello se ha preparado a conciencia, especialmente en lo relacionado con la parte nutricional de los deportistas, ya que si no se complementa este aspecto con el ejercicio, los resultados son pobres. Cuando vio a Daisy en el gimnasio, de inmediato se fijó en ella y le propuso ser su body builder o constructor de cuerpo, lo que ella rechazó, un tanto decepcionada porque sus dos primeros entrenadores la habían dejado a medio camino.

“Pero fue tanta su insistencia, que a mediados de 2010 decidí aceptar su ofrecimiento, afirma la deportista. Él me diseñó un plan de trabajo que ha resultado absolutamente exitoso. Es tan exigente en el gimnasio que a veces me dan ganas de no continuar, pero los resultados han demostrado que solo así se puede llegar a ser una fisicoculturista fitness de la categoría élite”.

Son las tres de la tarde y ya Daisy ha recogido a su hija en el colegio, le sirvió el almuerzo y la ayudó con las tareas, lavó la ropa de la familia, barrió y trapeó la casa. Se va en su moto al Gimnasio Universal, pero no a entrenarse sino a laborar de cuatro de la tarde a nueve de la noche. Es que cuando decidió convertirse en Tecnóloga en Acondicionamiento Físico, al ir a hacer las prácticas académicas, valoraron su experiencia y de inmediato le ofrecieron trabajar como entrenadora personal pero, aunque le representaba más dinero, el horario irregular de los clientes le llevaría a abandonar sus metas deportivas, por lo que solo aceptó vincularse medio tiempo como instructora, lo cual de todas maneras le sirve para ayudar a su esposo Neftalí con los gastos de sostenimiento de su carrera deportiva, que ascienden a tres millones de pesos mensuales. Basta con decir que cada uno de los tres batidos de proteína que consume al día le cuesta cuatro mil quinientos pesos.

A las seis de la tarde hace una pausa, y con su uniforme de trabajo puesto, todavía sudorosa, se sube a su moto y emprende el camino hasta su casa en el barrio Los Andes, para prepararse la cena: 200 gramos de carne, pescado o pollo, una porción de papa o yuca y agua. Regresa a su labor, y al retornar a su hogar a las diez, se toma otra bebida de proteína. Ese es el régimen que le diseñó Enzo Fiorillo, quien además es consultor antienvejecimiento, para lograr que queme toda la grasa innecesaria y permitir que se definan todos sus músculos en la búsqueda incesante de la perfección corporal, pero sin sacrificar su salud, como lo hacen equivocadamente algunos, que para lograr resultados rápidos, consumen esteroides y anabolizantes, poniendo en riesgo su vida.

“Al principio mucha gente se burlaba de mis sueños, pero yo me decía a mí misma: Si a Shakira la botaron del coro del colegio porque supuestamente berreaba como una chiva y ahora es una figura mundial, ¿por qué yo no puedo intentar ser campeona universal de fisicoculturismo fitness aunque solo mida un metro con sesenta de estatura?

Y Daisy Kuischmann Medina está en lo cierto. Se acaba de coronar el fin de semana pasado, en Bogotá, como Campeona Nacional en la categoría de hasta 1,63 de estatura, y Campeona Absoluta Nacional, es decir, entre todas las categorías. Estos triunfos le merecieron entrar a integrar la Selección Colombia para viajar a Caracas a participar en el Campeonato Suramericano Federado, del 1 al 4 de septiembre próximo. Todo ello sin ningún apoyo oficial ni privado. Solo con el esfuerzo de su esposo, Neftalí Pérez, un abogado santandereano que hace malabares para rendir sus ingresos porque le toca pagar pasajes aéreos, viáticos y todo lo que implica viajar a una competencia de ese nivel.

Fuente: elheraldo.co

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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