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En los últimos años, ha habido un incremento notable en la cantidad de personas que se somete a cirugías plásticas de distinto tipo, y si bien todavía las mujeres son mayoría, la tendencia señala un incremento notable de hombres que recurren a ella para verse mejor. Todo parece indicar que este movimiento responde, en gran medida, al culto que la sociedad occidental -y la argentina no es un exponente menor- rinde a la juventud y la belleza como valores que aseguran preferencia tanto en espacios laborales como en los sociales en general.

¿Por qué una cirugía?

La persona que realiza una consulta sobre cirugía estética lo hace porque está disconforme con algún aspecto de su esquema corporal. Dicha consulta coincide además, en un muy alto porcentaje de los casos, con el hecho de que el paciente está atravesando otros problemas: de pareja, de la mediana edad -síndrome del nido vacío-, adolescencia, entre otros. Silvia Sanmarco, psicóloga social y preparadora quirúrgica con larga experiencia en la materia, señala que existen básicamente cuatro momentos en los que hombres y mujeres realizan consultas a un cirujano plástico. Según Sanmarco, el primer momento de consulta ocurre durante la adolescencia, cuando los jóvenes empiezan a sentir disconformidad con algún aspecto de su cuerpo. En el caso de las mujeres, por lo general, ellas se operan la nariz y las mamas, ya sea porque el desarrollo de éstas es inferior al deseado o, por el contrario, el tamaño es excesivo y acarrea problemas de columna. En cuanto a los varones adolescentes, las consultas se han incrementado muchísimo en los últimos cinco años, puesto que la censura social ya no opera tan severamente sobre ellos como antes. La cirugía a la que recurren con más frecuencia es la de nariz, ya sea a causa de problemas como tabiques desviados -producto de algún accidente producido al practicar deportes- o por modificaciones puramente estéticas. Por lo general, los padres de estos jóvenes consideran que estas cirugías contribuyen a cimentar su autoestima, por lo que apoyan este tipo de intervención.

La siguiente etapa de consulta ocurre cuando las mujeres de entre 28 y 32 años que han sido madres muy jóvenes quieren recuperar la forma de sus cuerpos anterior a la maternidad. También es cierto que esta decisión muchas veces coincide con una situación de divorcio en la que vuelven a estar disponibles para formar una nueva pareja.

Durante los treinta y pico, comienzan a aparecer las primeras arrugas y surcos nasogenianos y comienza también la etapa en la que las mujeres recurren al colágeno, las siliconas y otros productos para disimular los efectos del tiempo. Por su parte, durante esta etapa los hombres utilizan sobre todo las lipoaspiraciones para corregir las acumulaciones adiposas en la cintura. Silvia Sanmarco señala que esta intervención es especialmente frecuente entre ex deportistas. Y añade que ya cerca de los 40 años, los empresarios o ejecutivos de empresas consultan para corregir imperfecciones, como las bolsas en los párpados.

Algún tiempo después, especialmente entre los 50 y 60 años, las mujeres se plantean la posibilidad de un lifting, de una reparación mamaria, en caso de que ésta no haya tenido lugar antes, o de una termolipectomía o lipoaspiraciones que buscan afinar la figura. Muchos hombres, por su parte, comienzan a considerar la idea de recurrir a implantes capilares para combatir la calvicie propia de su edad y sexo.

El hecho de que cada vez más hombres recurran a la cirugía estética es revelador. Ya no sólo las mujeres acusan la presión social para ser "bellas y jóvenes", sino que los hombres también están comenzando a sentirla como un imperativo cultural.

Una adecuada preparación

Toda intervención quirúrgica, aunque ésta haya sido elegida por la persona, trae aparejada una dosis de estrés psicológico. El paciente se encuentra ante una situación desconocida que implica riesgo:

- desea un cambio en su imagen pero también le teme a dicho cambio
- tiene miedo a sufrir dolores físicos
- tiene fantasías respecto de que "algo malo suceda", entre muchos otros miedos. 

Este aspecto psicoemocional que es tenido en cuenta en el resto de las cirugías, suele ser dejado de lado en las cirugías plásticas no sólo por los familiares del paciente, sino por el médico mismo. No reconocer la importancia de brindar apoyo y contención al paciente en el momento en que éste toma la decisión de someterse a una cirugía, puede traer inconvenientes y perjudicar el normal desarrollo del proceso quirúrgico en todas sus etapas (pre, intra y postoperatorio).

En este momento es cuando la asistencia de un preparador quirúrgico resulta de suma importancia. Este profesional se entrevista con el paciente, antes o después de ver al cirujano, para informarlo respecto de las dudas que le hayan quedado en relación con los procedimientos, ayudarlo a pensar y aclarar su deseo, sus expectativas, hablar de sus miedos y fantasías y establecer si está listo para la cirugía o necesita conversar nuevamente con el cirujano. Por lo general, se realizan tres entrevistas previas a la intervención y dos posteriores a ella, para un buen acompañamiento del proceso.

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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