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Ya han pasado muchos años desde que el primer atleta avispado engulló la primera pastilla de Dianabol pensando que con ello su vida cambiaría. Para él significaba una ventaja competitiva, para el deporte significaba el comienzo de una nueva era.

Cuando la práctica del doping en pos de los esteroides se propagó, la comunidad científica alzó su poderosa voz, pero por alguna razón fue incapaz de convencer a los atletas de desistir en sus prácticas. Los atletas ignoraron sus consejos y prohibiciones, simplemente porque los científicos empezaron diciendo todos a una que los esteroides no funcionaban y que sus efectos no eran más que un placebo, y que sin embargo éstos producían graves efectos secundarios.

Los atletas sabían perfectamente que los esteroides funcionaban y muy bien, por lo que pensaron que en consecuencia esos efectos secundarios también estaban sobreexagerados.

La comunidad científica perdió su credibilidad y ahora todos estamos pagando el precio.

Con cada nueva droga o práctica usada por los atletas en su búsqueda casi maniaca por la supremacía física, aparecen de nuevo las advertencias condenatorias unánimes de la comunidad científica. Pero como con el cuento del lobo, lo hicieron en falso tantas veces antes ya, que ahora sus advertencias caen en oídos sordos.

Una de esas sustancias post-esteroides es la llamada L-Dopa. Tras consultar la literatura de investigación disponible y según varios bioquímicos muy conocidos, se puede concluir que esta sustancia no tiene lugar en el arsenal culturista dado que sus efectos perniciosos superan de lejos los relativamente flojos efectos secundarios de los esteroides.

La L-Dopa ha venido usándose para estimular la secreción endocrina de la hormona del crecimiento, aunque existen otros medios para lograrlo sin correr los mismos riesgos de sus efectos secundarios.

Algunos de los aminoácidos que se encuentran en la proteína son la valina, leucina, treonina, arginina, lisina, histidina y fenilalanina. Otros aminoácidos que no se encuentran en la proteína son, 5-hidroxitriptófano y L-3-4 Dihidroxifenilalanina (L-Dopa). La arginina, histidina y lisina de acuerdo con la literatura científica son tres aminoácidos derivados de la proteína que tomados en condiciones especiales pueden significativamente estimular la secreción de la hormona del crecimiento por la glándula pituitaria anterior.

La L-Dopa y 5-hidroxitriptófano son también conocidos estimuladores de la hormona del crecimiento.

La L-Dopa se comercializa en estado puro bajo el nombre de Aldomet y en forma combinada con el carbidopa, una sustancia que evita la prematura desintegración de la L-Dopa, bajo el nombre de Sinemet. Desde el punto de vista médico, el uso clínico de la L-Dopa es combatir los síntomas de la enfermedad de Parkinson, que se caracteriza por un temblor muscular que se va lentamente generalizando, debilidad muscular y rigidez, teóricamente resultante del agotamiento de dopamina en los centros extrapiramidales del cerebro.

De hecho la L-Dopa no estimula directamente la liberación de la hormona del crecimiento, en su lugar parece ser la conversión de L-Dopa en dopamina en el cerebro el factor estimulador. La dopamina actúa como un neurotransmisor que medía en la liberación del factor liberador de hormona del crecimiento, el cual a su vez es el que estimula la secreción de la HC por la pituitaria anterior.

La L-Dopa pura (Aldomet) es altamente ineficaz para este propósito, ya que casi el 75% de la sustancia ingerida es destruida antes de alcanzar la barrera sanguínea cerebral para ser convertida en dopamina. Parte de la restante L-Dopa ingerida se convierte en inefectiva debido al efecto inhibidor de la vitamina B6, sobre la L- Dopa. Por consiguiente apenas una pequeña fracción de la L-Dopa ingerida es la que queda útil para la función pretendida.

Debido a esas circunstancias el uso de Sinemet es mucho más indicado y a menudo el fármaco usado, pero desgraciadamente éste produce diskinesis, movimientos voluntarios defectuosos, incluso con pequeñas dosis.

Existen varias reacciones adversas muy comunes con el uso de L-Dopa, de hecho el prospecto que acompaña al fármaco enumera algunos de ellos y los califica de frecuentes: anorexia, nausea, vómitos, disfunción abdominal, flatulencia, diskinesis, hipotensión hortostática, dolores de cabeza, fatiga, debilidad muscular, pesadillas, insomnio, ansiedad, agitación, episodios psicóticos, alucinaciones, depresión, picores musculares, etc. A todo esto hay que añadir que los valores sanguíneos se ven alterados y que la incidencia de melanomas de piel se ve incrementada.

La lista de efectos colaterales es demasiado larga como para correr el riesgo. Aún así los culturistas han ingerido L-Dopa en combinación con los esteroides y añadiendo incluso hormona del crecimiento (Somatotropina) exógena con lo cual los riesgos son mayores por las posibles interacciones que se pueden crear.

Existen alternativas más saludables para estimular la secreción endógena de la hormona del crecimiento. La glicina, el más simple de los aminoácidos, ha demostrado ser un potente estimulador de la HC. Además el ejercicio seguido por la administración de Arginina o Glicina también ha demostrado ser una práctica superior a la administración de los aminoácidos solos.

Existe bastante evidencia concluyente que indica que pueden obtenerse casi los mismos efectos con las diferentes combinaciones de aminoácidos sobre la estimulación de la secreción de la hormona del crecimiento que usando la L-Dopa estando esta práctica exenta de todos los posibles efectos secundarios asociados con el fármaco.

¿Quien quiere jugar a la ruleta rusa?

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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