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Uno de los consejos que damos desde hace tiempo a los que compiten, y que es ignorado por norma por muchos de los corredores a los que entreno, es el de hacerlas carreras a ritmo uniforme. Pero hay veces en una carrera que un cambio de ritmo a tiempo es una estrategia mucho mejor. La clave está en saber cuándo cambiar. Abajo tenés seis posibles estrategias con sus pros y sus contras. Échales un vistazo y ve probando la próxima vez que compitas.

Al principio: Algunos creen que pueden correr todo lo fuerte que quieren durante los primeros 15 segundos de carrera sin ningún efecto negativo. Es cierto... pero sólo si la carrera dura 15 segundos. Esto se debe a que sólo tienes de 15 a 20 segundos de energía procedente de la fosfocreatina en tus músculos para usar en los sprints. Una vez que has agotado el suministro no lo puedes regenerar a no ser que te pares por completo.

De modo que las únicas buenas razones para arrancar a tope son cuando (a) la carrera es un sprint o (b) cuando la orografía, diseño del circuito, etc, hacen crucial llegar a cierto giro, colina o camino antes que el resto de corredores para evitar atascos. Esta última circunstancia suele darse en las carreras campo a través y es bastante inusual en carretera.

En una curva: De modo natural tenemos tendencia a decelerar al pasar por curvas. Si empiezas a cambiar el ritmo justo antes de entrar al giro y continúas acelerando durante toda su longitud abrirás un hueco respecto a tus confiados competidores en cada curva del recorrido.

Cuesta arriba: Un cambio fuerte en la base de una subida te puede dejar machacado para cuando llegues arriba, así que ni te molestes. En cambio, si tiras con ganas en el último tercio mantendrás con más facilidad la inercia una vez que alcances la parte más alta, así podrás continuar a ritmo alto en la bajada (con la gravedad como aliada) y hacer hueco respecto a otros corredores.

A la mitad: Particularmente en las carreras largas como el maratón o las medias, en la parte central del recorrido los corredores suelen arrastrar cierta fatiga. Un buen cambio cuando estás luchando con esta fatiga tiene sentido por un par de razones. La primera es que sólo por el hecho de decidir cambiar de ritmo experimentarás una pequeña subida de adrenalina que te impulsará adelante. En segundo lugar, cuando corres distancias largas al mismo ritmo estás trabajando sin parar tus fibras musculares lentas, mientras tus fibras rápidas hacen poca cosa. Si cambias a un ritmo fuerte podrás aprovechar que tus fibras rápidas están relativamente frescas.

Con corredores de final rápido: Igual que un boxeador puede acabar con un rival más fuerte si usa la estrategia correcta, un cambio estratégico en el sitio preciso y con la técnica adecuada puede hacer que venzamos acorredores con un final más rápido que el nuestro. Si cambias a mitad de carrera sólo tú sabes la duración que quieres darle a tu cambio, tus rivales sólo sabrán que les estás superando y pensarán que vas a mantener e se nuevo ritmo hasta el final. Esto puede causarla duda suficiente como para que te dejen ir. 

Lo que tienes que hacer es ganar cierta distancia y a partir de ahí volver a recuperar tu ritmo anterior. Si sabes que tus oponentes te van a aguantar el ritmo y te van a seguir, espera hasta que quede una distancia hasta la meta que sepas que puedes cubrir a ritmo alto. Un cambio largo y sostenido puede hacer que tus rivales se descuelguen. Intenta hacerlo cuando quede entre 1'5 km y 800 metros, aumentando gradualmente la intensidad cada 400 metros.

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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