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Los más chicos se tiñen, se ponen aros y se tatúan. Los más grandes, aquellos que ya cruzaron la frontera de los 40, jamás harían eso. Pero cada vez se animan más a acercarse al consultorio de un cirujano plástico para asesorarse sobre las cuestiones que más les preocupan: como eliminar las grasas asentadas en el abdomen, las bolsas de los ojos o combatir la calvicie. Y esos médicos reconocen que esa demanda es cada vez más común, aunque siempre esté envuelta en una actitud callada y discreta, contrastante con la que suele adoptar la mujer frente al mismo tema.

Los especialistas platenses reconocen que los varones se permiten cada vez más la coquetería. Pero también advierten que ese culto por la belleza tiene algún que otro peligro cuando se cae en el exceso. Y mencionan, en ese sentido, el caso de los vigoréxicos o adictos al gimnasio: generalmente varones de entre 20 y 40 años que, obsesionados por lucir buenos músculos, se entregan a una excesiva rutina de entrenamiento, dieta y medicamentos.

Son dos costados de un fenómeno que se nota en todo el mundo y según el cual la estética ya no es más un campo exclusivo de las mujeres. El mejor exponente de ese cambio, dicen en Europa, es el llamado “hombre metrosexual”. Un nuevo modelo masculino que hace de su aspecto exterior un motivo de culto y que no duda en dedicar su tiempo a cuestiones tales como el cuidado de las uñas o la elección de una buena tintura para el pelo. En Europa se estima que responden a esta tendencia el 35% de los varones de entre 25 y 45 años.

Sin llegar hasta ese punto, en la Argentina y en La Plata es creciente el número de varones interesados en mejorar su aspecto físico, aunque sea apelando a métodos artificiales. Y si bien muchas de esas personas se caracterizan por tener un alto poder adquisitivo, el fenómeno se caracteriza por alcanzar a distintas clases sociales y grupos de edades.

CONTRA LAS ARRUGAS, LAS GRASAS Y LA CALVICIE

Liftings, lipoaspiraciones y tratamientos para la calvicie lideran la demanda de tratamientos estéticos que en la plata protagonizan fundamentalmente hombres mayores de 40 años. Eso no implica que los más jóvenes no recurran al cirujano. Lo hacen, pero por otros motivos: operarse narices que creen que no los favorecen o las llamadas “orejas en asa”. Así lo indica Carlos Rodríguez Peyloubet, presidente del Congreso de la Sociedad de Cirugía Plástica que sesionará en La Plata en el año 2004, quien agrega que “unos y otros se siguen caracterizando en la consulta por manejar el tema con mucha discreción y por manifestar su preocupación porque no queden cicatrices que pongan en evidencia la operación”.

Según los cirujanos plásticos platenses, los liftings apuntan generalmente a mejorar el aspecto de párpados y mejillas, en los varones que rondan los 50. Distinta es la situación entre aquellos que superan los 70, quienes buscan reparar la flaccidez del cuello.

También las lipoaspiraciones convocan a los varones platenses a los consultorios, dicen los especialistas. Lo más habitual es que se busque reducir las concentraciones de grasa en el abdomen, en los flancos y en la región mamaria, según explicó Rodríguez Peyloubet.

Y hay un tercer aspecto que lidera la demanda de estética en edades intermedias, cuando las primeras huellas de la vejez se hacen notar. Y es la calvicie, para la que hoy se ofrecen alternativas como los injertos capilares.

Esta preocupación estética la comparten con los más jóvenes, ya que se dice que es cada vez más común que se interesen por este tipo de soluciones jóvenes de entre 20 y 30 años que experimentan los primeros síntomas de la caída del cabello.

Excluyendo esa y en algunos casos la lipoaspiración, las prácticas más demandadas por los jóvenes son otras, especialmente las rinoplastias y las operación para resolver el problema de las orejas en asa.

Con todo, sean jóvenes o maduros, los hombres que buscan este tipo de operaciones son generalmente de un perfil social alto. Y esto por el costo de las prácticas: por ejemplo, el costo de una rinoplastia ronda los 3.000 pesos; 7.000 el del lifting y 6.000 la lipoaspiración.

CUANDO VERSE BIEN SE TRANFORMA EN OBSESION

Tanto afán masculino por verse bien tiene también un lado oscuro, que desde hace alrededor de 9 años fue detectado y definido por los especialistas estadounidenses. Se llama vigorexia, es una suerte de anorexia masculina según la cual algunos jóvenes se obsesionan por su musculatura y emprenden alocadas carreras en las que no falta ni el exceso de gimnasia, ni la automedicación ni las dietas salvajes.

Los especialistas en medicina deportiva definen a la vigorexia como una dolencia derivada del el excesivo culto al cuerpo, por el que algunas personas dedican varias horas diarias al gimnasio y siguen estrictas dietas a base de proteínas para ganar masa muscular con el objetivo de mejorar su aspecto.

La vigorexia, aseguran, puede causar problemas articulares, disfunciones y hasta cáncer de próstata.

Considerados esclavos del espejo y la balanza que nunca llegan a sentir que están lo suficientemente musculosos (como la anoréxica se ve siempre gorda, ellos siguen viéndose sin músculos suficientes aún cuando los tienen), los vigoréxicos también aparecen en los consultorios platenses.

“Son, por ahora, casos aislados, pero se estima que entre el 3 y el 5% de los que concurren habitualmente a los gimnasios platenses son vigoréxicos”, dice Osvaldo Cid, especialista platense en medicina del deporte y miembro titular de la Federación Argentina de Medicina del Deporte.

Según Osvaldo Cid, habitualmente los afectados por la vigorexia son jóvenes de entre 20 y 30 años quienes suelen esconder, detrás de su afección problemas de personalidad.

“Cabe aclarar que no toda persona que concurre habitualmente a los gimnasios es vigoréxica. Por el contrario, la costumbre de ir al gimnasio se vincula habitualmente con la salud y el bienestar físico, además de asociarse a la imagen. Es vigoréxico aquel para quien la apariencia física se transforma en una obsesión que comienza a afectar su vida de relación y sus actividades fuera de la actividad física”, explica.

Entre las trampas que esconde la vigorexia se cuentan las dificultades para su detección, ya que los vigoréxicos no suelen reconocerse como tales. De ahí que los deportólogos valoren la importancia de un interrogatorio cuando se presenta un joven obsesionado por problemas nutricionales o planes de actividad física.

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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