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Dolor torácico, palpitaciones, síncope y disnea. Qué son y qué precauciones básicas se deben tomar a la hora de encarar un plan de entrenamiento que evite los riesgos en el aparato cardiovascular

La práctica de la actividad deportiva no está, lamentablemente, exenta de riesgos. Todos somos conscientes de la posibilidad de que, en la realización de cualquier tipo de ejercicio físico, se produzcan accidentes o lesiones de tipo traumatológico (esguinces articulares o tirones musculares). El propio deportista tiene los conocimientos necesarios sobre lo que debe hacer para prevenirlos o incluso tratarlos una vez que se han producido. Sin embargo, este hecho no suele ser así cuando nos referimos a los riesgos del ejercicio respecto al aparato cardiovascular ni a las precauciones que se deben tomar para evitarlos.

Las precauciones que se deben observar para evitar riesgos cardiovasculares son las siguientes: Valorar las condiciones ambientales y adaptar el material y la vestimenta a estas condiciones. Hay que mencionar aquí el peligro de utilizar prendas no transpirables (pilotos o «plásticos») con intención de perder peso: puede provocar una intensa sudoración y por tanto una fuerte pérdida de agua y de sales minerales (lo que constituye un riesgo de deshidratación y de problemas relacionados con el calor en los ambientes de temperatura elevada). Esta práctica es de especial riesgo en pacientes cardiovasculares.

En este sentido es fundamental la correcta hidratación del deportista antes, durante y después del ejercicio. Se debe ingerir líquidos, en cantidades no superiores a los 250 cc., y repetir las tomas durante su desarrollo y después de finalizar. La bebida más recomendable es el agua pero, en prácticas deportivas largas, puede ser beneficioso utilizar bebidas isotónicas.

Comprender la necesidad imprescindible de hacer calentamiento (algo que se suele olvidar con mucha facilidad). Es una preparación inmediata al esfuerzo que previene las lesiones deportivas y mejora el rendimiento deportivo. En lo que al aparato cardiovascular se refiere, el calentamiento aumenta la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y el flujo sanguíneo a nivel muscular.

- El deporte debe ser practicado de forma regular. Los episodios esporádicos de actividad deportiva no proporcionan los mismos beneficios y suelen acompañarse de molestias musculares.

- El inicio de la actividad se debe plantear gradualmente. Comenzar con intensidades de esfuerzo bajas o moderadas y luego ir incrementando de forma progresiva según las posibilidades del individuo y con la lógica mejora en las capacidades físicas que se produce por efecto del entrenamiento.

- Como norma general, se debe evitar llegar a situaciones de extenuación o de agotamiento intenso. Si se hace se corre el riesgo de desencadenar situaciones clínicas no deseadas y a veces peligrosas (síncope post-esfuerzo y determinadas arritmias).

- Ser conscientes del grado de competitividad que se siente a la hora de hacer deporte. En el caso de los pacientes cardiacos debe tener una finalidad de mejora de la salud, lo que en términos técnicos se denomina «deporte-salud».

Una vez finalizada la sesión, se deben observar unos cuidados denominados «vuelta a la calma». Desde un punto de vista de prevención de los problemas cardiovasculares es imprescindible no finalizar de forma brusca. El ejercicio debe prolongarse con una carrera suave o paseo durante unos pocos minutos para reducir el riesgo de síncope post-esfuerzo (relacionado con una disminución de la tensión que el aparato circulatorio no es capaz de compensar con suficiente rapidez) en personas no habituadas a la actividad física. Cuidado también con las duchas demasiado calientes antes y después del deporte y con el tabaco.

Preste atención a los posibles signos o síntomas que puedan aparecer durante la actividad física. Consultelos con el médico, especialmente si se trata de los siguientes:

Dolor torácico: Si el dolor sucede en la actividad, tiene carácter opresivo, se acompaña de sensación de gravedad, se localiza en el centro del tórax (detrás del esternón) y se irradia al brazo izquierdo o a la mandíbula sugiere la posibilidad de algún problema coronario.

Palpitaciones: Se trata de latidos cardiacos a elevada frecuencia que no se relacionan con el grado de esfuerzo realizado o que persisten mucho tiempo después de haber cesado el ejercicio. También se denominan así los latidos que se perciben como «raros» (latido anticipado o perdido respecto al ritmo cardiaco habitual).

En algunas ocasiones pueden tener relación con enfermedades cardiacas Síncope: La pérdida de conocimiento siempre es un síntoma alarmante que precisa consulta médica, especialmente si no se recupera con rapidez, hay convulsiones, se produce en el mismo momento del esfuerzo y se asocia con otros síntomas como dolor torácico o palpitaciones.

Disnea: Dificultad para respirar (no la que se produce habitualmente en la práctica deportiva), que tarda en recuperarse y que incluso se acompaña de ruidos torácicos (pitidos). Se debe consultar al médico, ya que puede indicar dolencia cardiaca o respiratoria. Otros síntomas como fatiga intensa o que no se recupera con rapidez, mareos o hinchazón de los tobillos pueden sugerir problema cardiovasculares que provoquen una mala tolerancia al esfuerzo. Conviene acudir al especialista para descartar si existe alguna patología cardiovascular.

About Daniel Torres

Amante del deporte y del fisicoculturismo, entrenador y profesor de culturismo.
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